Moda circular y curaduría: lo que elegimos dice quiénes somos
✶ Curaduría de clóset: entre la moda, la memoria y el deseo
Hace unos días leí un artículo que me dejó pensando: “El arte de la curaduría: ¿o eres un curador de clóset?”. Me hizo ruido—del bueno. Porque aunque solemos asociar la palabra curador con museos, arte o archivos históricos, lo cierto es que muchas personas hoy están ejerciendo ese rol sin saberlo. Desde sus casas, desde sus placares, desde sus decisiones cotidianas.
Curar no es solo seleccionar cosas bonitas. Es observar, conectar, contar una historia con lo que se elige y lo que se deja afuera. Es también conservar, resignificar, hacer visible lo invisible. Y en ese sentido, quienes trabajamos en moda circular, segunda mano o reutilización textil, estamos muy cerca del oficio curatorial, aunque usemos perchas en lugar de vitrinas.
Detrás de cada prenda que selecciono para Dear.Mud, por ejemplo, hay una pequeña narrativa que se activa: su calidad, su estilo, su origen, el mensaje que transmite. Algunas piezas me llegan con historia; otras me invitan a imaginarla. ¿Por qué fue comprada? ¿Por qué fue descartada? ¿Quién puede habitarla ahora?
Me gusta pensar que quienes hacen moda circular son, de algún modo, curadores de lo cotidiano. Gente que colecciona momentos, no solo objetos. Que le da valor a lo que otros pasaron por alto. Que combina criterios estéticos con intuiciones emocionales. Y que, sobre todo, encuentra en la ropa un lenguaje silencioso para decir quiénes somos o quiénes queremos ser.
Pero, como en toda curaduría, hay desafíos. No todo entra en el placard ni todo merece un lugar en la muestra. Hay que aprender a mirar con atención, a soltar sin culpa, a conservar con sentido. Hay que animarse a editar.
Y también hay oportunidades: redescubrir lo que ya tenemos, elegir con más conciencia, vestirnos con autenticidad. Porque curar no es acumular, sino seleccionar con criterio. Y porque la moda, cuando se la piensa desde la circularidad, puede convertirse en una forma de activismo suave pero constante.
Tal vez sea hora de recuperar esa palabra—curador—para aplicarla a lo que hacemos cuando ordenamos nuestro clóset con intención. Cuando donamos, intercambiamos, reparamos, combinamos. Cuando dejamos de comprar por impulso para empezar a vestir con memoria.
Si alguna vez pensaste que cuidar tu ropa era un acto menor, o que la segunda mano no tenía glamour, pensalo de nuevo. Estás haciendo curaduría. Estás creando una narrativa desde tu cuerpo, desde tu estilo, desde tu deseo.
Y eso, aunque no lleve título, es una forma de arte.
—
¿Vos también te sentís curadora de tu clóset?
Te leo en los comentarios 🌱



Comentarios
Publicar un comentario