Ser sustentable sin morir en el intento (ni rendirse antes de empezar)
Yo también lo sentí. Antes de dar un primer paso, ya estaba agotada por todo lo que debería hacer. Entonces aparecía esa vocecita interna que decía “esto no es para vos”, y me iba retirando en silencio. Pensando que quizá otra persona —más capacitada, más organizada, más todo— iba a encargarse por mí.
Spoiler: nadie lo está haciendo solo. Y por suerte, no hace falta.
La trampa de la perfección ecológica
La idea de “ser 100% sustentable” es tan exigente que muchas veces nos paraliza. Porque si no podés hacerlo perfecto, ¿para qué empezar? Es una trampa. Una que muchas veces nos desconecta del deseo genuino de hacer las cosas un poco mejor.
En uno de mis otros proyectos, dearmud, venimos explorando justamente esto: cómo habitar la contradicción, el aprendizaje, los errores. Cómo acercarnos a la moda circular sin necesidad de saberlo todo desde el principio.
Ahí entendí que la sustentabilidad no es una cima, sino un camino. Y que podemos caminarlo desde donde estemos, con lo que tengamos. Que es válido empezar de a poco, fallar, revisar y seguir.
Pequeños pasos, grandes decisiones
Ser sustentable no es armar un cohete de la NASA (aunque a veces lo parezca). Es elegir esa prenda que ya existe. Es reparar en vez de tirar. Es preguntar de dónde viene lo que consumo. Es pensar dos veces antes de comprar. Es hablar con otras personas que también están buscando. Es entender que no vamos a salvar el mundo solas, pero que eso no nos exime de intentarlo.
Y sobre todo, es darnos permiso para no hacerlo perfecto. Porque la verdadera transformación no nace de la culpa, sino del deseo. Y el deseo necesita espacio para respirar.


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